La muerte en un hospital debe ser horrible. Yo me planteo día sí, día también, que cuando me llegue el momento, que no ocurra en un hospital, en una cama que no sea la mía, rodeado de sueros, palos, bombas, batas blancas y prisa.
La muerte que vivimos de manera anónima cada día en nuestros hospitales acaba volviéndose algo pasajero: cuando sales del trabajo pocas veces acostumas a pensar en ella. En cambio, cuando le pones nombre, apellidos y un contexto, cuesta de olvidarla al pasar la puerta. Sobretodo, cuando conoces a la persona que ha muerto o a su familia.
Una de las grandes desventajas de los pueblos. Toda cara es conocida, ni que sea de una vez que estuviste haciendo cola en la pescadería del pueblo de al lado…
Es ley de vida. Pero no consuela. Ni siquiera un poco.
Con tanto cambio de turnos (mañana, tarde, noche, 12 horas…), acabo perdiendo el norte y me desoriento temporo-espacialmente (especialmente en tiempo). Así, que, como hoy empiezo turno de noche (durante 3 días seguidos)… toca algo typical Spanish: siesta.
Así que voy a coger a mi peluche preferido, voy a bajar las persianas y… a dormir.
¡Viva la siesta! (sobretodo cuando tienes la oportunidad de hacerla…)
Hace tiempo, creo que hasta hacía frío y estábamos en el sofá tapados con una o dos mantas (es que yo soy una egoista y siempre acabo acaparando una…), vimos Into the Wild, de Seann Pean.
Una película preciosa, acerca un joven que lo deja todo (pero todo, todo) para irse a Alaska. La banda sonora también es impresionante.
Podéis ver una muestra pequeña de la música en su página web oficial o en Spotify si lo tenéis (ya os pongo el link directamente al álbum). También os pongo el tráiler (que a mi modo de ver enfoca la película como si fuera de acción, cuando realmente es una película introspectiva y no precisamente rápida).
Todo esto viene porque hoy he ido y vuelto del trabajo en bicicleta. Para acabar con esta experiencia, he vuelto a coger la bicicleta sólo llegar a casa (sin comer ni nada) y he ido al río.
Ha sido una experiencia maravillosa: Jumbo, la cámara y yo.
El agua tan fría, el sol quemando la piel, el viento moviéndome el pelo, los peces nadando a contracorriente, el ruido incesante del agua correr.
Jumbo bañándose en el río, corriendo entre la hierba, mordisqueando palos del suelo, oliendo eso y aquello.
Eso, es felicidad.
La naturaleza, si la vives con plenitud, llena de paz y carga de energía positiva. Y si no está científicamente probado, poco faltará…
[Creo que soy un poco bipolar... viendo la entrada anterior... En fin... qué se le va a hacer...]
Después de un mes viviendo en casa y varios intentos de que se la quedara mi abuelo (todos frustrados), por fin Lulú encontró un nuevo hogar.
La pobre, se lo merecía. Poco a poco, parece que las cosas se van arreglando. Desde aquí, nuestra enhorabuena!
Perdonar que sea pesada, pero es que la Contra de hoy también es buenísima.
“Defina irritaciones.
Sucede hasta en la pareja más pacífica: una fricción, el ambiente se carga de tensión, el estallido acecha. ¡Es la fricción entre dos microculturas!
Defina ahora microculturas.
La tuya y la de ella: tus hábitos y los de ella. Por mucho que coincidan habrá siempre alguna arista divergente: algo de ella insufrible para ti, y viceversa. Esa fricción a veces produce una descarga emocional…
Varias descargas de esas…, ¡y divorcio!
Sí, si no sabemos superarlas en beneficio de la relación. He indagado esas irritaciones en muchas parejas: ¡hay para todos los gustos!”
Y acaba la entrevista diciendo…: “No olvide que, bien ritualizados, los enfados pueden ayudar: permiten expresar cosas y liberar emociones. ¡Suerte! ”
En el hospital donde trabajo están suscritos a la Vanguardia y, cada día, sobretodo ahora que mi abuelo ha venido a pasar unos días conmigo, la cojo y la ojeo. La sección que más me gusta: la Contra. Entrevistas a personajes más o menos famosos y con contenido. Ayer, le tocó el turno a Fernando Broncano, catedrático de filosofía en la universidad Carlos III y que recientemente ha escrito un libro titulado La melancolía del ciborg.
La entrevista es muy interesante, pero, lo que más me gustó, fue la introducción, que os copio aquí, literalmente. A disfrutarla:
“Melancolía es una palabra que sólo pronunciar te pone melancólico. Roberto Matta me dijo que se debía a la nostalgia del hombre por el universo; Biruté Galdikas, que no era exclusiva del hombre, que los orangutanes también la sienten. Ahora Fernando Broncano me explica que es propia del nuevo ser en el que nos hemos convertido: un simio con prótesis culturales y técnicas, un ciborg que sufre melancolía fruto del desarraigo: siente nostalgia de un mundo natural al que no puede volver. El camino es siempre hacia delante y la herramienta para sacudirse la melancolía es la imaginación, imaginar que otro mundo es posible: de eso nos habla en La melancolía del ciborg (Herder).”