20 Noviembre 2007...7:40
Maltrato a ancianos
Siempre me ha gustado mucho la gente mayor. No sé si será porque he vivido con mis abuelos y eso ha hecho verdadera mella en mi, por haber trabajado en un geriátrico-sociosanitario, por ambas cosas juntas muchísimas más…
La cuestión es que estoy haciendo un cursillo on-line sobre el maltrato a la gente mayor y realmente, da mucho en qué pensar. Te hace reflexionar mucho y te plantea cuestiones bastante interesantes.
Una de ellas es la siguiente, con la posterior respuesta.
Exprese su opinión sobre la frase “los ancianos son los que maltratan a sus cuidadores”:
Cuidar un anciano nunca es cosa fácil, sobretodo si cuidar de él se ve o se vive como algo impuesto, como el caso de ejemplo de la señora Carmen (me remito a él tanto porque realmente es bastante significativo). En ese caso, los cuidadores (porque en un centro geriátrico no se acostumbran a tener este tipo de pensamientos sobre el maltrato, o esa es la impresión que me da) pueden llegar a creer que el anciano es la persona que les maltrata por hacer su vida más complicada y difícil o por haberse entrometido en sus vidas. Esta visión equivocada del anciano como culpable y agresor desemboca en conductas inadecuadas frecuentemente violentas con el anciano/ancianos, la mayoría de veces, provocando serios problemas de convivencia hasta el punto de crear grandes conflictos de convivencia y de violencia.
Ya lo expliqué en el foro, pero yo estuve viviendo con mis abuelos, no por imposición, sino por decisión de toda la familia por una situación de enfermedad. Al leer esta frase y compararlo con la realidad vivida por nosotros, puedo llegar a entenderla. Cuando faltan recursos y apoyo y el anciano tiene conductas de agitación, demencia, etc., se puede llegar a pensar, de manera inconsciente, que esa persona lo está haciendo a propósito y te llegas a sentir como una víctima. En nuestro caso, primero convivimos con mi abuela materna y su marido, ella sufriendo una demencia progresiva y él, estando sano, pero con un carácter muy fuerte que no dejaba lugar a la conversación y la comprensión por su parte. Ella murió y a los pocos meses, la otra abuela enfermó y también vino a casa. Mi madre era la cuidadora principal y por lo tanto, la que tenía la mayor carga de trabajo (coincide con las estadísticas de los cuidadores) y a veces se sentía muy sola y desconsolada. Ante eso, hay dos caminos a seguir: el primero es el rechazo a las personas ancianas y la desintegración “funcional” y progresiva de la unión familiar; el segundo camino es el que elegimos nosotros, el de la unión y el apoyo entre todos para hacer lo difícil un poco más dulce. Y eso es lo que nos salvó y nos ha ayudado a fortalecer los vínculos afectivos: aprendimos los unos de otros, a crecer como personas, a respetarnos e intentar entendernos y también a hacernos mejores personas.
Ese camino hacia la comprensión es el que la gente, por mucho esfuerzo que cueste, debería de coger. Pero no siempre es posible, así que se elige, inconsciente o conscientemente, la primera opción y ahí es donde surgen los problemas y los pensamientos de ese tipo.
Como siempre digo, creo que la información, la reflexión, el consenso, la educación, el apoyo institucional y personal es la base para evitar en cierto modo todos estos problemas que surgen de la inseguridad y la mala adaptación a la nueva situación que sería vivir con uno o más ancianos.
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