26 Noviembre 2007...5:06
Cocina impúdica
¿Me permites no hablar de enfermería?
El post de hoy tiene que ver con el mundo de la gastronomía y el erotismo. Creo que una vez a la semana o cada dos voy a colgar alguna receta que haya hecho o que me haya llamado la atención…
La de hoy, extraída de un regalo pre-navideño: “La cocina impúdica. Recetas secretas de una mujer de mundo reveladas a quien pretenda serlo.”
Huevos escalfados con champiñones y caviar (anécdota final incluida)
¡NO RECOMENDADO A MENORES DE 18 AÑOS!!
“Hiervan en una cacerola tres litros de agua salada con dos vasos de vinagre de vino. Rompan la cáscara de un huevo y déjenlo caer en agua hirviendo. Pueden cocer cuatro o cinco huevos a la vez durante dos minutos largos. La yema tiene que estar blanda. Recuperen los huevos con una espumadera y enfríelos en un recipiente con agua tibia. Después, quítenles con las manos los hilillos de la clara y pónganlos en otro recipiente con agua templada para mantenerlos calientes. Cuando hayan acabado de cocerlos, colóquenlos encima de cabezas de champiñón muy grandes, que habrán hecho a la plancha por ambas partes después de pelarlos y quitarles el tallo. Coloquen los champiñones con los huevos en una fuente de horno y rocíenlos con una salsa hecha con dos chalotas picadas finas y rehogadas con una nuez de mantequilla. Una vez fuera del horno, añadan dos cucharadas de nata líquida, otra nuez de mantequilla y salpimenten al placer. Pongan el plato en el horno, muy caliente, durante tres o cuatro minutos. Coloquen sobre cada huevo una cucharadita de caviar y sirvan con pan de molde tostado.
No preparo este plato desde hace muchísimos años por causa de un embarazoso incidente que me turbó muchísimo. Una vez invité a unos amigos -con los que había ido al Théâtre Mogador a ver el último éxito de la temporada, No, no Nanette- a un tentempié de medianoche. Para la ocasión, preparé estos huevos, algunos de los cuales, por las prisas, no estaban suficientemente cocidos. Mme. Robbine, que acababa de coger el plato, palideció y se refugió en el baño. Aquella noche no logré que me dijera lo que la había turbado tanto. Volví a intentarlo el día después. Titubeante y entre lágrimas me contó que había trabajado en una casa en la que había un rico cliente habitual y famoso soupeur* al que le encantaba cenar muy tarde y degustar, como solía decir, las auténticas ostras parisinas. Es decir, sorbía directamente de la vulva de las chicas el esperma que había dejado el cliente anterior. Pero como no siempre era fácil de satisfacer, la patrona había enseñado a las chicas a engañarlo con un poco de clara de huevo a la que añadían unas gotas de lejía.”
*Souper es una especie de poscena de medianoche.
**El episodio parece increíble, pero es cierto. Esta costumbre está citada incluso por Herman Nunberg en su Allgemeine Neurosenlehre auf psychoanalytischer Grund-lage (Berna, 1932).
1 Comentario
Diciembre 17th, 2007 at 17:22
Hoy he entrado en tu blog solo para leer por mi mismo la historia que me comentaste de los huevos.
Realmente cumple con las expectativas de morbosidad que me cree cuando lo explicaste…
Albertu
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